La definición de vivienda mínima ya es en sí mismo un complejo problema de difícil resolución. Está claro que el concepto es amplio y puede dar lugar a distintas interpretaciones.

Determinar cuál es el mínimo espacio habitable ha sido una cuestión recurrente en los últimos años en relación a la necesaria transformación de la vivienda social. Los requisitos espaciales de la llamada vivienda social protegida han seguido el modelo habitual de los años 60 y 70 en el mundo, pero que hoy no responde para nada a una realidad sociológica totalmente diferente. Las familias son menores por número de componentes atendiendo a la estadística demográfica y también por estar las familias menos estructuradas, según todas las estadísticas a nivel mundial.

La reflexión sobre la necesidad de propiciar un crecimiento digno para las ciudades, creando zonas y barrios que pudieran incorporarse al núcleo urbano, movió al arquitecto francés de origen suizo Le Corbusier a diseñar un tipo mínimo de viviendas donde imperase el racionalismo y la funcionalidad. La vivienda debe ser considerada como un objeto útil. Por ello propuso unos parámetros que han supuesto una auténtica revolución en las ciudades modernas:

  • Los pilares. El desarrollo de la construcción en hormigón armado hace que los muros de sostén pierdan su función y sean reemplazados por pilares de hormigón y pies derechos metálicos.
  • El tejado-terraza. La ventaja de utilizar el tejado y la terraza como una quinta fachada.
  • La planta libre. Al no ser necesarios los muros de carga, es posible disponer los tabiques según las necesidades de la distribución interior. También se propone que la cocina y el comedor formen una sola pieza.
  • Las ventanas son alargadas, e incluso, si es posible, abarcan todo el muro.
  • La fachada libre. La fachada es una superficie que se organiza en partes abiertas y en partes ciegas jugando en la composición para crear un cuadro.

Una última propuesta, quizás más futurista y por ello puede ser una anticipación interesante, es la que ha sido denominada como arquitectura de terminales. Es una idea que el periodista británico Martin Pawley propuso en 1998, en su último y póstumo libro del mismo título, Terminal Architecture.

Vivienda mínima

Pawley argumentaba que la arquitectura reciente sufre de un importante error conceptual. Los esfuerzos de diseño se orientan masivamente a la definición formal, justo en un momento en que esa estrategia ha dejado de tener un sentido y no está dentro de los intereses tanto sociales como de la economía en general.

Sin embargo la apariencia de los edificios es una cuestión que está dejando de ser relevante en una época de distribución masiva de información digital. La concepción monumental de la arquitectura solo tiene sentido en estos momentos, en cuanto aporta marca a las grandes empresas o se inserta en la industria turística de las ciudades en competencia.

La gran masa de la arquitectura contemporánea no va a poseer una significación cultural, en cuanto su papel fundamental va a ser funcional ante todo, por su condición de espacio final de enlace con las redes energéticas y de telecomunicaciones.

Obox apuesta por una arquitectura diferenciada y personalizada desde premisas básicas como son la construcción funcional y modular añadiendo además el concepto de industrialización de la vivienda en su fase construcción, como forma de alcanzar menores costes, mayor rapidez en la ejecución de la obra y en definitiva acercarse a formas más sostenibles que los tradicionales.